Aún hay espacio 

sobre mi lienzo, 

pintemos juntos.






Me hiciste creer en el amor a tu manera. Creí, por mucho tiempo, que esa rudeza tuya era pasajera. Al principio, te dejé tomar la delantera; pero si lo pienso bien, siempre se hacía lo que tú decías, aunque yo no quisiera. 

….En realidad, todo se trató de ti. Nuestros planes fueron siempre tus planes: te beneficiaron solo a ti; para mí, fueron sacrificio e ilusión; para ti, aprobación varonil y superación.

….Tu naturaleza era tan distinta a la mía; debí detenerme al instante. Pero tu enérgico aleteo juvenil provocó olas en mi tranquilo estanque. Te acercaste a mí, quizás, porque viste una presa frágil a tu alcance. Yo me dejé llevar, más que por instinto, porque quise ilusionarme.

….Sobre nuestro lienzo en blanco, dibujaste castillos sobre nubes, caballos con alas y ángeles azules. En el espacio que sobraba, me permitiste pintarle un arcoíris. Mientras el mundo gritaba utopía, mi curiosidad galopaba y yo resurgía.

….Di el primer paso porque me tomaste de la mano cuando para nadie existía; mis ilusiones eran escasas y belleza en mi espejo no veía.

….Di un segundo paso porque vi en tus ojos una promesa sincera, tan coherente para alguien de pocas primaveras.

….Di un tercer paso, cuando le gritaste al mundo que quince primaveras de distancia no le prohibían a un águila alcanzar a un cisne entre las nubes. Tu plumaje y tu versatilidad me llevaron a volar más alto, hasta lo imposible.

….Di un cuarto paso —ante el Altísimo y ante la ley— para que pudieras regresar a tu nido y, más tarde, emigrar de nuevo a nuestro punto de partida. Sí, a ese diminuto estanque que al principio veías cómodo y prometías acostumbrarte. 

….No obstante, tu vista de águila pronto demandó un horizonte sin barreras, por lo que viste la grama más verde fuera de mis fronteras. Te acompañé a un país neutral para que —según tú— ninguno de los dos perdiera. Nuestra historia empezaba a tomar forma, aunque fuera abstracta y ninguno lo entendiera.

….Abandoné mis raíces, cambié mi forma de desayunar. Luchaba con un idioma muy difícil que a duras penas podía pronunciar. Aunque me cubría con tres capas de plumas, en mi cama no dejaba de temblar. Le llamaban simples barreras culturales, pero a la indiferencia y al racismo me tenía que enfrentar.


….Pasaron muchas lunas. En las fotos destacabas tú, los lugares turísticos los escogías tú. Si algo andaba mal, el que no hacía lo suficiente no eras tú. 

 ….La lluvia temprana, poco a poco, me dosificaba gotas de realidad que quise ignorar. Cerré mis ojos frente a la lluvia para no retroceder; temía regresar por miedo a las burlas, por lo que me aferré a tu sonrisa y seguí volando.

….Cuando la nieve empezó a caer sobre mis alas, me sentí como en mi antiguo estanque: con mi autoestima baja y sin ningún acompañante. Volaba siempre sola, aunque rodeada de aves con plumas distintas a las mías. Muchas noches, en la sala te esperaba, mientras por teléfono otras voces yo escuchaba. Tú, muy molesto, decías que de negocios se trataba. Mis padres, muy atentos, siempre me llamaban; te conocían muy bien y por mí se preocupaban. Entre chistes y poemas, yo decía que todo estaba bien y que nada me faltaba. 


….Con alegría y energía desbordante, anunciabas tu regreso. Me contaste de tu ascenso y de tus planes de progreso. Ingenuamente pensé que yo formaba parte del mismo proyecto, pero tú conducías un auto de carrera sin asiento de repuesto.

….Muchas noches te alimenté, creyendo que mi piel se fundía con la tuya —pero no fui más que un extintor de fuego en las fantasías tuyas. 

….Tus coloridos cumpleaños terminaban siempre con mis manos en el fregadero, quitando las grasas de los platos de tus amigos que no eran verdaderos.


….Cuando la gran gripe golpeó a las naciones, los fuertes vientos agitaron los nidos por montones. El confinamiento solo sacó lo que había en nuestros corazones. En tareas cotidianas discutías sin razones, ni bandera blanca ni amnistía detenía los empujones. Las marcas que grabaste sobre mis plumas no se borraron con el tiempo, mucho menos con regalos de altura ni con un sobreactuado afecto. Cada marca forma parte de mi pintura sobre mi restaurado lienzo. 

….En busca de redención, me regalaste un viaje a Venecia lleno de halagos y sorpresas. Caminamos por sus canales y dibujamos un paisaje con jinetes y princesas. Con trazos de ignorancia y con color esperanza, yo pinté mi parte. Tú fingías regalarme un viaje, pero pretendías pagarlo todo antes de anunciar la peor parte. 

….Tras el viaje, colgué el cuadro sobre la pared que dividía nuestros corazones. Al mirarlo de cerca, empezaban a salirle unos borrones. 

….Pronto su acuarela empezaba a derramarse al tiempo que te dirigías a la puerta de embarque. Mientras mi futuro empezaba a quebrarse, tú te dirigías al futuro que siempre planeaste. Cuando regresaba al nido, supe que ni para el taxi me dejaste.

….Destrozada en mi cama, seguía incrédula por tu inesperada huida. Con tu itinerario en mis manos, confirmaba que tu boleto era solo de ida, y que el pasaje de vuelta me lo pagaría yo misma, al igual que la renta atrasada en aquella isla.


….Tras siete meses de trabajo y proezas, logré posar mis alas sobre mi tierra nativa y sus bellezas. Desempolvé mi cama y reorganicé mis pertenencias. Barrí la casa y corté todas las malezas. Retomé mis clases de dibujo y rechacé miles de promesas; a ninguno les creí, aunque me ofrecieron tronos y riquezas. 

….En mi barrio, mi reputación valía poco más que unas botellas de Coca-Cola, pero con ellas saciaba mis desayunos y mis noches solas. Su burbujeante espuma refrescaba mi mente y la imaginación surgía sola. Con su color opaco y melosa textura pinté tantas obras pero no lograba vender ni una sola.


 ….Un día en la calle, llegó un buen samaritano con tantas historias en su piel; supo apreciar mis pinturas, convirtiéndose en mi espectador más fiel. Proponía grandes ideas que explicaba sobre un papel, pero, sueños tan grandes, yo no lograba creer. Él a menudo me compraba algunas obras al atardecer; yo, con mi cara pintada, solo una sonrisa le solía ofrecer.

….Todo el dinero que ganaba lo gastaba en un dos por tres: unas cuantas pinturas nuevas, más Coca-Cola y un pan baguette. Con hambre y mucho frío, saboreaba un cálido pan francés; con mermelada y queso fundido, lo compartí con un pequeño basset que me siguió hasta la casa y encontró un hogar debajo de mis pies.

….Pincel era pequeño, pero siempre me ayudaba: con un ladrido seco mis obras desaprobaba, y con solo una vuelta me decía cuáles le gustaban.

….Tanto Pincel como mi autoestima iban en aumento; él jugaba con mis pinturas, mientras yo dialogaba con mis autores muertos.

….Una mañana, Pincel me despertó. Anunciaba que aquel buen samaritano, por otra pintura, regresó. Esta vez pedía quedarse con la obra más cara, aquella que mi espejo fielmente reflejaba. Con total humildad y firmeza, sus debilidades y fortalezas puso sobre la mesa. Yo le expuse mis talentos y anuncié mis rarezas; ambos nos miramos con el alma y nos unimos con certeza.

  Yo le cocinaba puré de papas con merluza, mientras él reparaba todo con sonrisa y sin excusa. La leña del bosque él la traía y la cortaba, y yo una tina caliente preparaba. Sus dedos, con artritis, nunca fueron excusas: leía las partituras y entonaba bien su musa. Todas las cuerdas, con dulzura, las tocaba; hacía renacer a una guitarra abandonada.  Las notas y el compás, él siempre los marcaba; los ecos intermitentes por las paredes rebotaban.  Las vecinas envidiosas, de aquellos ecos, se quejaban.

….De mi lienzo prehistórico, los vecinos se burlaban; más por él yo pintaba sólidas realidades que me revalorizaban. Café caliente y un pan de amor sincero me bastaban,  pues saciaban el hambre de una identidad que antes no estaba. Sus orejas pobladas podían descifrar el año y el autor de mis mejores baladas. Bajo la bañera tibia, una lluvia de historias vividas me contaba; mi imaginación se expandía y una sonrisa en mi corazón dibujaba. 

….Con pasos lentos, pero con el sudor de su frente, me proveía de lienzos y pinturas cada día. Mantenía la chimenea ardiente y a Pincel paseaba dos veces al día. Con mi corazón agradecido, masajeaba sus piernas y su dolor se iba al olvido. Ahora mis obras reflejan honor y felicidad, pues el buen samaritano me regaló propósito y dignidad. Ofreció mis pinturas por toda la ciudad y —no conforme con eso— en museos foráneos las hizo desfilar. 

….Mi compañero fue fiel y muy sensible. A su lado aprendí que el futuro se va tejiendo con la tela disponible, que se va cosiendo sobre los nudos del pasado hasta formar un vestido irrepetible, uno que te permita bailar hasta la última canción con amor indescriptible. Con el resto de pintura decoraré su sepultura; su recuerdo y su hermosura vivirán para siempre en mi escritura.  




Fin.