Los Tres
….Un humilde barrendero ateo había conseguido trabajo en un instituto teológico cristiano. El hombre había intentado suicidarse en varias ocasiones por no encontrar sentido a la vida; razón por la cual el decano le había ofrecido trabajo con intención de que, al estar en un entorno espiritual, conociera el Evangelio.
….Su primer día de trabajo coincidió con el inicio del curso de Teología Superior. Mientras barría los jardines, escuchó atentamente a tres cursantes religiosos hablar sobre la salvación. Invadido por su angustia y por un deseo ardiente de entender el tema, se acercó un poco más y, con el corazón dispuesto, les preguntó:
….—¿Cómo podría yo ser salvo?
….Un primer estudiante, apodado Caifás, le explicó que debía entrar en la iglesia verdadera. Un segundo estudiante, Bartolomé, lo contradijo diciendo que tenía que bautizarse, y un tercero, Andrés, los silenció a ambos afirmando que debía hablar en lenguas. Y, en poco tiempo, ya había una penosa trifulca entre los tres cursantes pertenecientes a denominaciones distintas.
….El barrendero se marchó sin saciar su sed.
….Una hora más tarde comenzó la primera clase. El maestro la inició explicando que las religiones no salvan, que solo el Evangelio salva porque es una esencia: Jesús.
….—Pero, maestro —preguntó Andrés—, ¿entonces no debemos pertenecer a ninguna religión?
….Respondió el maestro: —Congregaos, pues un cordón de tres dobleces no se rompe pronto.
….—¿A qué iglesia pertenece usted? —dijo Bartolomé tratando de calificarlo por su denominación para buscarle el punto débil.
….Mas este replicó: —Cuando llegas a tu casa, frente a la puerta principal, ¿cuál de todas las llaves te dará acceso?
….Bartolomé respondió: —Pues la única que abre… pero, ¿cuál de ellas sería?
….Dijo el maestro: —Hay un único mediador entre Dios y los hombres.
….A los tres estudiantes les molestaba la manera que respondía el maestro; empezaban a creer que era un timador.
….Caifás lanzó una pregunta que lo carcomía por dentro: —¿Pedro es la iglesia verdadera?
….El maestro, tras tomar un suspiro, contestó:
….—“¿Quién es la Piedra angular? Jesús.
….¿Quién es la Piedra que desecharon? Jesús.
….¿Y quién es la Roca sobre la cual edificaréis la iglesia? Jesús.
….No existe otro fundamento.
….¿Acaso, después de construido un edificio, se vuelven a hacer los cimientos?”
….Ante la sutil reprimenda a Caifás, Andrés se rió y, con tono seguro, preguntó:
….—¿Cómo sabemos que hemos nacido de nuevo?
….Respondió el maestro: —Cuando ya no te lo tengas que preguntar, pues por el fruto se conoce el árbol.
….Bartolomé hizo un esfuerzo con una pregunta capciosa: —¿Qué requisito, además del bautismo, se necesita para ser salvo?
….El maestro respondió: —Ningún requisito. El hombre no puede hacer nada para ser salvo; Dios decide a quién le da Su Gracia por medio de la fe en Jesús.
….Los tres reunidos dijeron:
….—Maestro, no entendemos; ¿acaso la Palabra no dice que debemos seguir Sus preceptos y guardar Sus fiestas y hacer obras de caridad?
….Respondió: —El hombre nunca es sujeto activo de la salvación. Todas nuestras acciones son fruto de la gracia que Dios obra en nosotros.
….Bartolomé preguntó: —¿La salvación se pierde?
….El maestro respondió:
….—“¿Quién es el Buen Pastor? Jesús.
….Entonces, ¿crees que Él perdería una oveja? No. «No perecerá jamás ni nadie la arrebatará de mi mano».
….Nosotros no somos nadie para perderla ni nadie para ganarla. La salvación no viene de nosotros, viene de Dios. No lo elegimos a Él, Él nos eligió a nosotros.”
….Bartolomé dijo: —Pero… disculpe, hay quienes dicen ser salvos y luego sus actos lo contradicen. ¿Y qué hay de la apostasía?
….El maestro: —Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros.
….Andrés miró a sus compañeros y dijo: —Maestro, ¡nos confundes!
….El maestro, sin dejar de mirar un árbol, comentó: —La religión es el hombre intentando obedecer las reglas de Dios con su propio esfuerzo. El Evangelio es una persona: Cristo. El Evangelio no soy yo tratando de actuar como Cristo; es Cristo actuando en mí.
….—Entonces, ¿qué debemos hacer? —demandaron los tres.
….—La Gran Comisión ya fue impartida —exclamó.
….Andrés susurró: —Pero hay quienes andan predicando y haciendo seguidores en el nombre de Jesús sin tener la sana doctrina.
….El maestro los miró a los tres de frente y exclamó: —No se lo impidáis, porque el que no es contra vosotros, por vosotros es.
….Entendiendo un poco, los tres preguntaron con humildad:
….—¿Por dónde debemos comenzar?
….El maestro dijo: —De adentro hacia afuera.
….Ya se acababa el tiempo de la clase y el maestro se iba. Los tres le pidieron que les diera su última recomendación, a lo que el maestro dijo:
….—Todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.
….Faltando tres minutos para terminar la clase, la secretaria del instituto entró al salón, le habló al profesor al oído y se marchó.
….Este bajó el rostro, muy entristecido.
….Luego hizo una oración en voz alta, pidiéndole a Dios:
….—“Padre, abre nuestros ojos para que no permitamos, por nuestra acción o inacción, fallar en nuestro propósito de guiar a otros hacia Ti.
Como ocurrió con el barrendero que se suicidó estando entre nosotros. Amén.”
Fin.