La Lucha Interreligiosa Estéril
….Es frecuente ver a muchas personas querer imponer su cosmovisión religiosa por encima de la de los demás. ¿Qué nos lleva a este terreno de confrontación interreligiosa? Indudablemente, la defensa del ego. Aún por encima de lo esencial: Jesús.
….Un católico podría decir: «Yo nací católico y muero católico»; un bautista podría decir: «Si no te bautizas no entrarás al cielo»; un pentecostal podría decir: «Si no hablas en lenguas, no has nacido de nuevo». Y así con cada una de las vertientes del cristianismo. Muchos defienden a capa y espada un conjunto de normas, rituales y creencias, e incluso elevan a un pedestal a los líderes de sus congregaciones y vanaglorian sus denominaciones. Todos olvidan lo primordial, que es, y siempre ha sido, Jesús.
….Defender cualquier denominación religiosa es un error común que debemos evitar, pues la religión no es lo mismo que el Evangelio. La religión es el hombre intentando obedecer las reglas de Dios con su esfuerzo y a su manera, mientras que el Evangelio es una persona; es Cristo. El Evangelio no consiste en que yo intente actuar como Cristo; es Cristo actuando en mí. Es una naturaleza divina que obra en nosotros.
Para evitar perder el tiempo defendiendo cualquier denominación cristiana sobre otra cristiana, tenemos que:
….Primero, reconocer que somos propensos a dejarnos llevar por las emociones, lo cual nos lleva a errar en demasía. Segundo, reconocer que la falta de humildad nos conduce a la confrontación, lo cual resultará en el oprobio del prójimo, pues al ser confrontados con una idea opuesta, tendemos a imponer la nuestra. Y si nuestra postura carece de argumentos lógicos y convincentes, quedamos desnudos ante la verdad. Pues cuando hay evidencia sólida, todos los argumentos se desmoronan. Entonces, es aquí donde la violencia se vuelve el arma predilecta de quienes ya no tienen razones que ofrecer.
….Por lo tanto, seamos humildes y no nos dejemos arrastrar por nuestro celo religioso al tratar de defender una denominación, ni por nuestra imperiosa necesidad de tener siempre la razón.
….La defensa de cualquier denominación, sin excepción, es un error mayúsculo que Pablo, en 1 Corintios 3:4-9, nos exhorta a evitar: «Yo soy de Pablo, y yo de Apolos…». Nos enseña que no debemos seguir a los seguidores de Jesús, sino a la Persona misma de Cristo. Todos ellos fueron solo instrumentos, dignos de respeto y admiración, pero el centro es Jesús mismo. Al igual que todos los líderes de cualquier congregación y denominación, son solo portadores del mensaje de Cristo, dignos de respeto por la posición loable que lideran, y de admiración, pero no a su persona, sino admiración a la devoción que estos tengan por Cristo y Su Verdad; por lo tanto, Jesús es el único a quien debemos imitar en cualquier escenario.
….Dios NO nos llama a defender una corriente religiosa o una “iglesia verdadera”; solo nos manda a conocerlo a Él y darlo a conocer, pues Él es el centro y lo único esencial (Juan 14:6: «Yo soy el camino, la verdad y la vida…»).
….Tu enfoque como cristiano debe ser Cristo y nada más. Infinitamente por encima de líderes religiosos: papas, pastores, sacerdotes, misioneros o guías espirituales. ….Cuando tu enfoque es Cristo, tus palabras y tus acciones exhiben los atributos de Dios. En cambio, cuando tu enfoque es tu denominación, tus palabras y acciones exhibirán adoctrinamiento y defensa de un sistema de creencias e interpretaciones privatizadas. Tus —proclamas o decretos— muestran una total ignorancia de tu condición como un ser creado, puesto que el único es Dios, quien, con su Voluntad, guía los designios de la humanidad.
Cristiano, hermano, tú deberías prestar toda tu atención, ofrecer toda tu adoración y dirigir el cien por ciento de tus oraciones a Dios, a nadie más; Jesús mismo lo enseñó así. Imagina a un hijo que le pide al vecino que le diga al papá que lo deje salir al parque en lugar de pedírselo directamente a él. Recuerda que Jesús fue el único que murió en la cruz, que de Él se trata todo el cristianismo, toda la Verdad de las Santas Escrituras apunta hacia Él.
….Las religiones no salvan; solo Dios a través de Jesús. Llenémonos más de Jesús en nuestras vidas y menos de las denominaciones y sus reglas humanas. Defendamos únicamente el conocimiento de Jesús y Su Verdad, no una denominación. Jesús es suficiente; no necesitamos intermediarios (1 Timoteo 2:5); nadie más puede interceder por nosotros ante el Padre.
Todos los que defienden una denominación u otra, sin excepción, están, coloquialmente hablando, meando fuera del pote. Mientras discuten entre sí, muchos se pierden allá afuera.
….Esto no es un llamado a abandonar a tu congregación de sana doctrina, de la que cada creyente es responsable de verificar a la luz de la Santa Escritura, ayudado por el Espíritu Santo. Sino más bien un llamado a dirigir nuestro esfuerzo en buscar a los perdidos (Lucas 19:10), quienes se pierden, ya sea por ignorancia o rebeldía.
….Esto tampoco es un llamado al diabólico ecumenismo, pues ¿qué comunión tiene la luz con las tinieblas? La verdad es Cristo y su deidad.
….Esto tampoco es un llamado a dejar de corregir con mansedumbre y con la guía del Espíritu Santo, pero recuerda: «Instruye al sabio y te amará; instruye al necio y te odiará». Discutir con un necio solo demuestra que hay dos. Debemos enseñar con mansedumbre y amor, dejando que nuestro ejemplo hable más que nuestras palabras.
….Nuestra defensa es contra la mentira, la idolatría, el pecado y la ignorancia del Evangelio, así como de la única Persona que es merecedora de toda gloria: Jesús. Solo a Él y a Su verdad debemos defender (1 Pedro 3:15).
….Cuando defiendes una denominación y/o a su líder, tarde o temprano se le verá la costura y te sentirás decepcionado y frustrado. Por consiguiente, tu ego te hará sentir que debes ganar una batalla estéril y te guiará por sendas calváricas.
En cambio, cuando tu enfoque es defender la Palabra de Dios, no solo tienes la victoria asegurada, sino que además estarás honrando a Dios. La defensa empieza desde dentro, dominando nuestras emociones y cultivando nuestra mente en Su Verdad. Recordad que lo más importante es la comunión estrecha con el Espíritu Santo; para ello debemos orar a tiempo y a destiempo.
Abrid los ojos y buscad la Verdad. La verdad no es un concepto; es una persona: Jesús. El Evangelio no es una religión más entre otras; es una Persona: Jesús. ….Congregaos, pues un cordón de tres dobleces no se rompe pronto. El Evangelio es una naturaleza, Cristo mismo. Vestidos con toda la Armadura de Dios, obedeced Sus preceptos y amad al prójimo.
….¡Paz a todos!
Fin.