Fin.
Y murió desangrado. Su esposa inmediatamente hizo lo posible para que no se manchara la tela blanca. La sangre discurría lentamente por el pecho de Mario y estaba cayendo sobre el sofá. Sofía, ante tal insolencia, lo acuchilló por el cuello. Pero el hombre no levantó sus pies del piso. Sofía le había advertido dos veces desde la izquierda. Mario llegó del trabajo con las botas sucias y se sentó en el sofá. Ella recién había trapeado el piso. Tras el primer mes de su boda, el hombre le compró utensilios de limpieza. Aunque pocas personas asistieron, ellos salieron de la iglesia muy felices con sus anillos puestos. La bella Sofía le prometió que, si se casaban, él tendría una casa excesivamente pulcra, y Mario se comprometió, si ella aceptaba su propuesta de matrimonio, a comprarle los utensilios de limpieza que ella exigía. Ambos se enamoraron tras ese gesto recíproco: Mario le ayudó a recoger su libro y se sentó del lado izquierdo de ella, y Sofía, en agradecimiento, le limpió el sudor de la frente con un pañuelo blanco. Mario venía caminando por el parque muy cansado después de una ardua jornada de trabajo en la construcción, en ese momento, Sofía leía un libro en la banqueta del parque. Entonces, la corrió de la casa y Sofía se fue llorando al parque. La suegra de Sofía estaba muy enojada porque Sofía le acababa de matar al gato por haber ensuciado el piso mientras trapeaba; al igual que pasó con su difunto primer esposo, quien un día olvidó lavar su vajilla después de comer. Y, en efecto, ese era el día en que Mario encontraría al amor de su vida. El solitario Mario tenía un presentimiento de que su vida cambiaría por completo ese día. Por lo sucedido en el baño, Mario decidió buscar una pareja. Entró al baño, y mientras se peinaba se miró al espejo y, de repente, vio algo aterrador: era su primera cana. Se tomó su cafecito apresurado porque llegaría tarde al trabajo ya que, sin querer, había puesto el despertador en el lado izquierdo. Todo comenzó una mañana de otoño en su ciudad natal. Érase una vez un hombre llamado Mario, quien era sordo del oído izquierdo.