Hijo rebelde
…..Hijo mío: sé que quieres estar solo y respeto tu decisión. Sabes… mi intención no es molestarte; solo me preocupo por ti y quiero lo mejor para ti.
…..Anoche pasé toda la madrugada vigilando por la ventana, por si te veía venir; pero solo vi unos gatos negros merodeando entre las sombras. Estuve pendiente del sonido de la puerta, esperando alguna noticia tuya que reconfortara mi alma. Pero el sonido del despertador anunció la hora de ir al trabajo, ahogando toda esperanza de que llegaras.
…..Después de desayunar, te dejé esta nota en tu habitación, advirtiéndote sobre los peligros de la noche y la hipocresía de los falsos amigos que, como ciegos guiando a otros ciegos, podrían llevarte por mal camino. Tal vez la leas antes de que regrese del trabajo.
…..Luego salí, con desgano, y abordé el metro hacia el trabajo. A pesar de estar trabajando en la fábrica de juguetes más famosa del mundo —tal como siempre había querido—, allí estaba yo: con la mirada taciturna, aunque con el uniforme bien puesto.
…..Me encontraba en el área de producción, ensamblando los juguetes como de costumbre. Pese a sus diseños coloridos y novedosos, ninguno lograba traer paz a mi maltrecho corazón. Las interminables piezas de autos de juguete que antes me emocionaban ahora me parecían inútiles y diáfanas, sin gracia.
…..Lo único que pasaba por mi mente era aquella imagen dolorosa de tu espalda alejándose de casa, mientras la ventana se humedecía con la incipiente respiración de mi nariz deslizándose por el vidrio, tragándome las palabras que te quise gritar.
…..Desde aquella noche, mi vida no ha sido la misma. A menudo intento recrearme en mis pasatiempos favoritos para alejarme del aturdidor silencio de tu habitación. En realidad, no sé qué fue lo que hice mal. Sea lo que fuere, estoy dispuesto a resarcir el daño, cueste lo que me cueste. Solo quiero lo mejor para ti.
* * *
…..Hoy es primero de diciembre y la paga del mes ya ha sido depositada en mi cuenta. Además del acostumbrado juguete del año que entregan a cada trabajador, recibí un bono especial por haber cumplido veinte años de servicio. Todo lo que tengo te pertenece a ti; te lo daré en cuanto te vea.
…..Ya no me agradan las luces de colores navideñas; es más, las canciones del reno Rudolf me parecen diabólicas sin tu presencia.
…..Me pregunto por qué me pasa esto a mí, si siempre he ayudado a los hijos cuyos padres están ausentes por la guerra, por el trabajo o por decisión.
…..Yo solo quiero verte feliz, que estudies en la universidad y seas un hombre de bien al servicio de Dios.
…..Sabes, hijo mío, mi dolor está disfrazado de sonrisa para que nadie sepa que no has llegado a casa; para que, cuando llegues, nadie pueda reprocharte tu ausencia.
…..Sin embargo, mi dolor se duplica cuando veo llorar a tu madre por las noches. Ella cree que no la escucho, pero está detrás de mí; puedo sentir el implacable llanto de su alma.
…..Yo pretendo estar dormido para que pueda hablar con Dios sin interrupciones.
…..Te confieso que me parte el corazón cuando grita e increpa a nuestro Creador por tu ausencia, como si fuera Su obligación traerte a casa. Claro que, muy avanzada la madrugada, ella finalmente se disculpa por su atrevimiento y pide perdón.
…..Hijo mío, te escribo esto sin intención de juzgarte por tu decisión de ausentarte en nuestras vidas momentáneamente; te juro que no quiero que cargues con culpa alguna.
…..Tu madre y yo hemos hecho todo lo humanamente posible para que estés en casa y así podamos celebrar la Navidad juntos, devolviendo el color a los opacos fuegos artificiales.
* * *
…..Hoy ya es veinticinco de diciembre. Abrí los ojos, pero la luz del sol me obligó a cerrarlos nuevamente. Desde la cama, me dispuse a escuchar los cantos de los ruiseñores del parque que está adyacente a mi habitación. Todo estaba en silencio, y pude oír a unos niños que jugaban fútbol; entonces agudicé el oído y recorrí con mi mente las aceras del parque. Intenté reconocer las voces: de inmediato percibí la de Tafit, el hijo del carpintero; luego la de Maya, la hija gordita de la señora Wildcliff, y otras que no lograba identificar… y tampoco encontré la tuya. Entonces, aquella imagen de tu espalda alejándose de casa golpeó una vez más los vidrios de mis ojos, los cuales no lograban retener las aguas. Solo tu madre las percibió y, besándome la nuca, me susurró con su dulce voz:
—¡Ya vendrá! ¡Él sabe el camino a casa!
…..Después de agradecerle a tu madre por tan delicioso y elaborado desayuno, me dispuse a reparar las flores del jardín, para que ella no tuviera nada que envidiarles al jardín de los Thompson. Sabes, el vecino que siempre compara a su hijo contigo, nos tiene envidia. Además, ellos siempre traen flores importadas y las siembran justo de nuestro lado, para que crezcan y se desborden hacia nuestro jardín. Pero yo soy feliz con nuestro jardín, y sé que a ti te encanta jugar en él. Por eso, me dispuse a hacer los arreglos con flores silvestres, tal como los pide tu madre.
…..Luego, cuando estaba luchando con unas raíces de hierba mala que habían crecido junto a la acera, un balón de fútbol entró estrepitosamente en el jardín y arruinó el arreglo floral que tantas horas me había tomado. Al voltear la cara, vi el rostro apenado de Tomy, el hijo de la profesora de geografía que vive enfrente. No pude más que mirarlo con cariño y decirle que no tenía de qué preocuparse. Le comenté que esas flores eran viejas y que justo hoy me tocaba cambiarlas. Entonces caminé esquivando algunas flores, tomé el balón y se lo entregué al pequeño Tomy, quien me dio las gracias y se marchó.
…..Desde la ventana, tu madre me hizo saber que el almuerzo estaba listo. Me quité el sombrero y me sequé el sudor de la frente. Miré el jardín con orgullo; me dije: bueno, luego cubriré las flores dañadas con alguna decoración de madera.
…..Antes de entrar a la casa, me detuve por un momento y miré hacia el final de la calle en busca de tu rostro, pero no te vi llegar.
…..Una vez dentro, tu madre me sirvió la comida mientras me hablaba de la lista de compras apresuradas de cada año. Tú sabes, a ella le gusta regalarle cosas al tío Anselmo, a la tía Marta y, por supuesto, a tus primos. Mientras tanto, yo solo pensaba en ti, en las cosas que podríamos estar haciendo si estuvieras aquí.
…..Sabes… te confieso que, a veces, me digo a mí mismo que, si ya no vas a venir, al menos nos hagas saber que estás bien. Que estás en un lugar lleno de personas amables y que estás haciendo de tu vida una obra de arte digna de admiración. Espero que saques provecho de tus habilidades artísticas heredadas de tu madre y de las habilidades lingüísticas que te regalé. En cuanto a tu mamá y yo, te cuento que estamos felices con unos proyectos de remodelación de la casa y ansiosos por unos viajes que hemos programado.
…..Espero que cuando vengas y leas estas cartas, no me malinterpretes; en ningún momento hemos dejado de extrañarte. Solo he intentado seguir adelante sin tu presencia, sostenido por la felicidad que me regala tu madre día a día. La amo mucho.
* * *
…..¡Buenos días, hijo! Hoy es veintiocho de diciembre. Te vuelvo a escribir, aunque los cientos de cartas que llevo redactadas para ti siguen reposando sobre el estante junto a Tuntrix, el robot superhéroe que me dieron en la fábrica. Es tuyo, pero si crees que ya eres muy grande para juguetes, no importa; lo puedes vender o regalar a quien quieras. Estoy en tu habitación, sentado sobre tu cama y mirando tus afiches en la pared. Olfateo el aire como un perro de caza en busca de tu aroma, y te juro que aún lo puedo percibir. Te escribo estas líneas porque me hace ilusión que puedas leerlas cuando regreses a casa, donde te esperamos cada día.
…..Justo cuando terminaba de escribirte la carta de hoy, sonó el timbre. Era la profesora de enfrente. Traía flores hermosas y una caja de chocolates que nos ofrecía Tomy con sus manos extendidas. Ella lucía apenada por lo ocurrido en el jardín. Tu madre no sabía por qué era ese regalo; pensó que era por el espíritu navideño y la tradición de compartir con los vecinos. Rápidamente tomé las flores y le di la caja de chocolates a tu madre; luego los invitamos a pasar a la sala. Allí ella les ofreció algunos de sus pasteles especiales y charlaba con su madre, mientras que a Tomy le dimos de tus galletas favoritas.
…..En el sofá de la sala estaba sentado Tomy; mordía las galletas como si no hubiera comido en meses, al tiempo que se apresuraba a beber la leche, la cual se deslizaba por su garganta hasta caer en sus pantaloncitos cortos. Tomy comenzó a mirar cada detalle de la sala. Inevitablemente, sus ojos se posaron rápidamente sobre el conejo amarillo gigante de origami. Lo había hecho para ti porque sé que te gustan mis origamis, en especial los conejos amarillos. Pero no tuve otra opción que regalárselo. Sus ojos brillaban de alegría. No te preocupes, sabes que te haré otro conejo, pero esta vez el doble de grande, para que tengas de qué presumir a tus amigos cuando llegues, en especial a los hijos de los Thompson, cuyo padre no puede igualarme en diseño y perfección de los origamis que hago para ti.
* * *
…..Hoy es treinta y uno de diciembre. Llegó el tan temido fin de año, temido no por ninguna superstición sino por la llegada de la familia.
…..Admito que la Navidad en familia es una bendición, pero a veces parece que el precio de dejarlos entrar en casa es demasiado alto.
…..Todo comenzó como de costumbre. Después de comer —y de unos tragos de más—, la tía Elena inició su habitual ronda de preguntas maliciosas. No buscaban saber de nosotros; solo querían indagar en qué punto mostrar que a ellos les había ido mejor económicamente. Su intención final era alardear de sus logros. Tu madre y yo recordábamos aquella frase: “Alábete el extraño, y no tu propia boca”, por lo que nos limitamos a responder con precisión y sin rodeos. Así evitábamos que entraran en terrenos donde luego tuviéramos que exigirles salir por donde entraron.
…..Tras interminables y asfixiantes horas de interrogatorio y alardes, el Año Nuevo irrumpía con eufóricos gritos y fuegos pirotécnicos que obligaban a nuestras temblorosas mascotas a refugiarse bajo la cama.
…..Además de familiares, algunos vecinos y hasta completos desconocidos atravesaban la puerta principal desplegando una extraña mezcla de afecto y cercanía jamás vistas. Pululaban la sala con sus cuerpos borrachos ofreciendo abrazos insípidos por doquier. Sus corazones estaban esperanzados porque, según ellos, un simple dígito nuevo en el calendario les prometía un futuro lleno de grandes dividendos. Los imbéciles pretenden obtener resultados distintos haciendo exactamente lo mismo, una y otra vez, cada año.
* * *
…..Finalmente llegó el dos de enero. Tus tías se fueron, ¡y me alegro! En especial por tu tía Ofelia. La noche del fin de año hizo llorar a tu madre, como cada año. Sin embargo, este año la había botado de home run: no conforme con hundirla —culpándonos porque según ellos no hemos sido capaces de encontrarte—, dijo algo que la sepultó bajo un mar de lágrimas invisibles para todos los demás.
…..Pero no para mí: yo sí podía ver sus lágrimas rodar por el suelo y formar un charquito que se iba mezclando con el mío, puesto que mi charquito de lágrimas invisibles era mucho más grande, por la culpa que me echaban encima y por verla llorar por dentro.
…..Tu madre había logrado, valientemente, mantener una sonrisa de Miss Universo, al tiempo que el sonido de los fuegos artificiales del fin de año se fundía con los gritos de auxilio que su mirada me transmitía. Yo, impotente, no pude ayudarla; solo deseaba que los festejos y abrazos insípidos terminaran y que todos se marcharan.
…..Para mí, este año nuevo ha comenzado con un reto tan inmenso que se escapa de mis manos. Esta vez no puedo consolar a tu madre, porque yo también he sido sepultado por aquel último comentario de la tía Ofelia: un comentario viperino que se clavó en nuestras mentes y ahora reposa en nuestro subconsciente.
…..Desde entonces, esa frase nos da batallas sangrientas en cada momento de soledad. Reaparece sin nuestro permiso y nos susurra aquel comentario: «El despiadado reloj biológico no perdona», tal como lo había sentenciado la tía Ofelia, recordándonos que ese hijo que tanto esperamos no existe todavía, solo en nuestros deseos.
…..Hemos aprendido a vivir con tu ausencia, hijo mío; aun así, no dejo de imaginar cómo sería tu rostro. Te confieso que mantengo la esperanza de que Dios nos permita verte llegar a nuestro hogar algún día. Pero si esa no es Su Voluntad, la aceptaremos, puesto que hay un amor infinito en cada acto de Dios; tanto en lo que nos quita como en lo que nos concede.
…..Gracias, Dios, por todo. Ayúdanos a seguir viviendo felices los dos, ayudando y sirviendo a nuestros semejantes.
…..Buenas noches, hijo. Aquí te esperaremos, con los brazos abiertos y el corazón en paz. Te amamos. Hasta pronto. Un beso.
Fin.