El mugriento






Para el resto de los niños, la ducha era solo una rutina; para Felipe, una tortura. 

….Cada intento de su madre por bañarlo terminaba en gritos y forcejeos. A los diez años, Felipe ya había aprendido a imponerse.

….Marco, su hermano, dos años menor que Felipe, era el único hijo legítimo del matrimonio. Felipe había llegado antes, fruto de un romance que Clara tuvo en la secundaria. Cuando los padres de aquel joven se enteraron del embarazo, huyeron a una ciudad lejana. Clara fue expulsada de la escuela y rechazada por su familia.

….Vendiendo cosas en la calle conoció a Ramón, su esposo y padre de Marco. Ramón solo tenía ojos para Marco; para él, Felipe siempre estuvo de sobra.


….Ramón y Clara vivían en una granja, siempre atareados.

….Felipe sabía esquivar las amenazas de su padrastro y, con mayor facilidad, doblegar los tibios intentos de su madre por ducharlo. Clara se sentía impotente y sin tiempo para él. Su esposo le exigía una atención excesiva en el lecho conyugal desde el atardecer, y durante el día se aseguraba de que cumpliera fielmente con las tareas del hogar y de que dedicara todo su cuidado a Marco, mientras Felipe quedaba a su suerte.


….Un día, Clara le regaló a Felipe un collar por su undécimo cumpleaños. Del collar colgaba una diminuta pelota de fútbol, de apenas un centímetro, cubierta de cristales llamativos. 

….Al ver el regalo, su esposo le lanzó a Clara una mirada amenazante y, con un grito aturdidor, la obligó a regresar a la cocina. Felipe, triste y enojado, se sentó bajo un árbol y comenzó a patear piedras. En ese momento, el gallo de la granja se acercó a él. Felipe sintió que lo miraba con un ojo desafiante, como burlándose. Cargando su frustración contra el animal, corrió tras él y le lanzó piedras hasta golpearlo tres veces.


….Las hojas del almanaque seguían cayendo, la piel de Felipe aumentaba su grosor por el polvo de la granja. Su rostro estaba opaco, y el cabello crecía sin control, albergando mugre y piojos que festejaban a sus anchas.  Cada vez se parecía más a los animales: uñas largas llenas de suciedad, oídos cubiertos de lodo, y a veces un líquido verdoso brotaba de ellos. 


….Septiembre llegó y Felipe también debía ir a la escuela. Su madre intentó persuadirlo para que se duchara, pero apenas consiguió que se pusiera el uniforme que les donó el padre de la iglesia local.

….Al llegar a la escuela, Clara los despidió a ambos con un beso y, temerosa de no enojar a su esposo, regresó a la granja de inmediato.

….El pequeño Felipe formó fila detrás de sus compañeros, quienes no tardaron en clavarle sus miradas y reírse de él. Decían al unísono: —¡Mugroso! ¡Mugroso!

….Marco, desde la fila de al lado, agachó la cabeza, triste.

….Durante el himno, un niño cercano vomitó. El olor era insoportable. La profesora Thompson rápidamente se dio cuenta y lo llevó a la dirección. Al verlo, la directora se llevó las manos a la boca y, con una expresión de asco, lo mandó a casa con una nota para sus padres, la cual él rompió en pedazos camino a casa. 

 

….El apabullado Felipe llegó a su casa sin decir nada sobre la nota que pedía su ducha. Cuando Clara le preguntó por su primer día de clases, él apenas asintió; eso bastó para dejarla satisfecha. Por su parte, Felipe había decidido no volver jamás a la escuela. 

….Cada mañana, fingía ir a la escuela por su cuenta, pero se escondía en la casa de los cerdos. Allí pasaba toda la mañana y salía dos horas después del mediodía, simulando su regreso. Solo Marco sabía la verdad, pero permanecía en silencio.

….Con el tiempo, nadie en la escuela preguntó por Felipe. Marco no decía nada, temeroso de su padre. Pronto se asumió que había cambiado de escuela; nadie hizo seguimiento. Para ellos, Felipe no era un niño, sino un problema.


….Felipe se quedaba dormido sobre una cerda en la pocilga. Cada mañana, Ramón le arrojaba los restos de hortalizas a los cerdos, sin percatarse que Felipe dormía dentro. La cerda estaba enferma; había sido mordida por otros cerdos y sus heridas abiertas atraían gusanos y moscas. Felipe, convencido de que su refugio lo mantenía fuera de las aulas, no advertía el peligro de la mala higiene. 

….Los oídos de Felipe tenían tanta mugre, que se le formó un tapón de mucosidad que albergaba una garrapata. Esta se alimentaba de su sangre y engordaba cada vez más. 

….Felipe a menudo se rascaba los oídos cuando le daba picor, pero el tapón de mugre mezclada con pus no le permitía deshacerse de la garrapata. Luego, esta engendró otras garrapatas que transitaban libremente por las orejas y se escondían en su cabello. Felipe pasaba horas rascándose todo el cuerpo. El color de su piel era cada vez más opaco y arenoso, como la de los animales que lo rodeaban.

….Cada vez que su madre lo llamaba a comer, Ramón lo reprendía: «¡Niño mugriento!», «¡Testarudo!», incluso «¡Animal!». Felipe dejó de acercarse a la casa y comenzó a alimentarse con los restos que echaban a los cerdos, donde se sentía cómodo. Marco intentaba acercarle trozos de torta, pero la mirada de su padre lo detenía.


….Con el tiempo, Clara y Marco se habían acostumbrado a que Felipe comía y vivía por su cuenta dentro de la granja, pero fuera de la casa donde ya ni se atrevía a entrar. Tanto así, que pasaban semanas sin saber de él o verle el rostro. 

….Con el paso de los días, Felipe comenzó a sentirse menos humano, hablando y escuchando a los animales de la granja como si él mismo fuera uno de ellos.

….La piel de Felipe estaba cubierta de mugre y ronchas con pus, tornándose morada y llena de costras secas que cubrían su espalda. Se había vuelto tan insensible que no sentía los gusanos arrastrarse de roncha en roncha por sus piernas. 

….Una mañana, Felipe despertó con dolor en las piernas, las tenía tullidas por el peso de la cerda enferma que se había posado sobre estas toda la noche. No podía moverse. La piel de ambos se mezclaba en un mosaico de pus, que las moscas no cesaban de absorber. Felipe permaneció por horas sin poder moverse, los gusanos sobre su pecho se deslizaban por su piel hasta alcanzar su rostro. 

….De repente, el gallo entró en la pocilga y comenzó a merodear cerca de Felipe. Le comenzó a picotear el brazo para alimentarse de los gusanos que veía. Felipe permanecía inmóvil, débil. Luego, el gallo giró su cabeza y le dio curiosidad la pelota diminuta que colgaba sobre su collar, por lo que se subió sobre el pecho. Fue entonces cuando detectó un gusano que se arrastraba sobre el párpado derecho del niño. El gallo dudó por un instante; miraba alternadamente el gusano sobre el párpado y la bolita de cristal del collar. Finalmente, de un picotazo seco, arrancó el gusano… y el ojo de Felipe. 

….Al día siguiente, la granja estaba llena de ruido; los animales se mostraban inquietos. Por voluntad de su esposo, Clara se vio obligada a dejar el lugar. Se estaban mudando a la ciudad, pues habían vendido el terreno con todos sus animales… excepto el gallo y tres gallinas. 

….El nuevo propietario comenzó a limpiar la granja y reorganizarla. Cuando abrió la puerta de la diminuta pocilga, un hedor insoportable le causó náuseas. Se agachó un poco y alcanzó a ver los restos de la cerda, abombada y llena de huecos con moscas verdes. Sin más, decidió cubrir la casita con tierra y abono, sembrando luego semillas de tomate sobre el montículo… donde yacían, inadvertidos, los restos de Felipe.

…. 

….La mañana siguiente, Clara, Ramón y Marco estaban en su nueva casa en la ciudad. Todo parecía normal, salvo el gallo, que ya no cantaba; desde su llegada, estaba como en éxtasis, notablemente enfermo. Entonces, Ramón le ordenó a Clara que se deshiciera del gallo y que preparara una sopa con él. 

….Clara se plantó frente al gallo con un hacha en la mano. El ave permanecía inmóvil, con las patas dobladas sobre el suelo y los ojos empañados de mucosidad. 

….Minutos después, mientras Clara descuartizaba el gallo, se sobresaltó al abrir el vientre del animal. Entre las entrañas, encontró la cadena y la diminuta pelota que le había regalado a Felipe. Entre llanto y dolor, reunió valor y, frunciendo el rostro, decidió envenenar a Ramón. 

….Clara preparó una torta y golosinas para Marco, asegurándose de que solo Ramón probara la sopa del gallo. Este llegó, como de costumbre, con tono desafiante exigiendo el almuerzo. Después de la comida, Ramón se fue a dormir la siesta… de la que jamás despertó.


….En poco tiempo, Clara se las arregló para convencer al comprador de vender de vuelta la granja. Volvió a mudarse sola con Marco. Por primera vez, la paz reinaba en la granja. Era libre de tomar sus propias decisiones. Solo le faltaba encontrar a su amado Felipe.

….Marco estaba inquieto; sabía que Felipe acostumbraba a dormir en la casita de los cerdos. Le insistió a su madre que cavaran la tierra donde antes estuvo la pocilga. Clara comenzó a cavar con el corazón inquieto. Su mente la preparaba para lo peor. Y fue allí, entre la tierra, donde encontraron el cadáver de Felipe… con sus ojos ausentes.

….Dos meses después, mucha gente del pueblo y de los alrededores comenzó a visitar la casa de Clara, movida por la curiosidad, para ver los huesos de Felipe que su madre había puesto en exhibición.

….Con los años, Marco se graduó de escritor. Su primera publicación fue todo un éxito mediático: contaba la vida de su hermano Felipe, a quien todos conocían como El Mugriento


….Un día lluvioso, el verdadero padre de Felipe logró dar con la dirección de Clara. Al verlo, ella lo invitó a pasar a la sala. El hombre, apenado, preguntó por Felipe, a quien creía ya adulto y deseaba conocer. Clara no respondió: lloró en silencio y le hizo una seña a Marco para que lo llevara al patio.

….Como a todos los visitantes, Marco lo condujo por un largo pasillo hasta la sala de exhibición y le colocó una silla frente al cajón de vidrio. Dentro estaban los huesos de Felipe. Sin decir nada, puso en las manos del hombre su obra maestra para que la leyera.

….El hombre sintió un fuerte escalofrío; se dejó caer en la silla y, con lágrimas en los ojos, comenzó a leer la historia de su hijo. 


….Cuenta la leyenda que nadie lee El Mugriento sin que algún gallo cercano lo picotee o lo perturbe en sueños.



                                                                               

Fin.