El Mimo y su Flor   





En la plaza de la ciudad, un mimo realizaba su función. Cada vez atraía más audiencia. De pronto, una bella joven de ojos claros llegó. Su belleza llamó grandemente la atención del mimo. Este improvisó un cambio en su rutina y fue a darle una flor imaginaria a la joven. Ella la tomó al tiempo que se sonrojaba; la sostenía en las manos como algo muy preciado. 

….De repente, el novio de la joven, quien estaba detrás de ella, irrumpió en la escena y tomó la flor con violencia, la lanzó al suelo y la pisoteó antes de marcharse.

….El mimo reaccionó con perspicacia, sacó de su bolsillo una jarra de agua invisible, bebió un vaso ante la mirada de todos, luego vertió el líquido sobre la flor marchita, la hizo renacer con sus manos y se la devolvió a la joven. 

….Ella la recibió sin poder disimular una sonrisa embelesada, la puso entre sus cabellos y, mirando al mimo, dibujó un corazón con los dedos e intentó entregárselo. Pero este, notablemente nervioso, lo rechazó. 

….Todos quedaron boquiabiertos; el mimo se sentó sobre un banquillo de madera, visiblemente asustado por la acción de la joven. Esta vez no era actuación; sus lágrimas eran reales. Él acostumbraba a brindar amor, no a recibirlo.

….Entonces, la joven se puso frente al mimo. Le hizo un gesto como de tener un bebé entre sus brazos y se lo entregó. El mimo, emocionado y enternecido con el bebé, lo acogió con cuidado y lo meció delicadamente hasta que aprendió a caminar. Con sus piecitos sobre el suelo, ambos lo tomaron de cada mano y se despidieron los tres de la audiencia, la cual asistió a su boda un año después.


 



Fin.